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20 Ago 2007

Las intermitencias de la muerte – Jose Saramago

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Hay libros que te atrapan desde el primer párrafo. Este es el caso de Las Intermitencias de la Muerte de José Saramago.

Al día siguiente no murió nadie. El hecho, por absolutamente contrario a las normas de la vida, causó en los espíritus una perturbación enorme, efecto a todas luces justificado, basta recordar que no existe noticia en los cuarenta volúmenes de la historia universal, ni siquiera un caso para muestra, de que alguna vez haya ocurrido un fenómeno semejante, que pasara un día completo, con todas sus pródigas veinticuatro horas, contadas entre diurnas y nocturnas, matutinas y vespertinas, sin que se produjera un fallecimiento por enfermedad, una caída mortal, un suicidio conducido hasta el final, nada de nada, como la palabra nada.

portada-intermitencias-muerteComienza así el autor el desarrollo de una trama que te mantiene en vilo la mayor parte de la novela. La imposibilidad de morir en un determinado territorio, lo eufórico de los primeros días y poco a poco a medida que los no muertos se van acumulando, van surgiendo los problemas.

¿Que hacer con todos esos medio muertos que no se acaban de morir?
Desde aquí parte Saramago para ir, poco a poco, enumerando los inevitables problemas que se darían en nuestro tipo de sociedad en donde la muerte es tan importante como la vida.

Pronto las funerarias se vuelven prescindibles, los hospitales y los asilos ya no dan abasto, las compañías de seguros se vuelven obsoletas, etc. Pero recordemos que solo se ha dejado de morir y que el tiempo sigue su marcha, las enfermedades siguen manifestándose, los accidentes siguen sucediendo, lo único diferente es que se ha dejado de morir.

Cuando ya nadie sabe que hacer con tanto medio muerto, el autor veladamente toca el tema de la eutanasia. Una familia humilde del interior, decide a cruzar la frontera con el casi muerto, para que este alcance el sueño eterno dignamente en el otro país, donde la muerte no se ha detenido.

Esta acción da pie a una tremenda red de corrupción y componendas entre el gobierno, la mafia, y los dolientes.

En la segunda parte de la novela, la muerte decide reaparecer por medio de una carta en la cual le anuncia al destinatario que tiene 7 días para preparar la partida. Aquí Saramago toca otro de nuestros mas anhelados deseos, saber con antelación la fecha en la que abordaremos el tren del nunca jamás.

La tercera parte es la que a mi más me gusta. Con una jugada magistral Saramago inyecta el amor, elemento que le da forma a nuestra elemental y existencialista trilogía. Vida, amor y muerte.

La muerte es personificada en una atractiva mujer de mediana edad, que por esos golpes de oreja del destino falla en despachar a un violonchelista desesperanzado ya de románticas emociones. La muerte, fría e indiferente al principio, en el ultimo día que esta se pone como plazo para borrar la existecia del chelista, decide sucumbir a ese cosquilleo desconocido para ella y se enmaraña con las tonadas del músico…
“Al día siguiente no murió nadie…”

Las Intermitencias esta impregnada de humor, y en un lenguaje sátiro e irónico arremete contra el comportamiento de las instituciones de la sociedad, gobierno, iglesia, medios de comunicación etc.

En lo personal, la novela me refuerza la creencia, un tanto cursi talvez para algunos, de que solo el amor es capaz de vencer a la muerte.

José Saramago de origen portugués nació el 16 de Noviembre de 1922, recibió el premio Nóbel de Literatura en 1998.